Testimonio de Mariona

Negro.
Todo era negro.
Estaba perdida; no sabía ni quien era, ni como era realmente. Veía una imagen falsa de mí misma la cual me comió la cabeza durante años, hasta casi matarme.
Las voces de mi pasado retumbaban en mi cabeza sin parar: “gorda”, “foca”, “egoísta”, “fea”; y aunque yo ya no fuera la misma, no podía olvidarlo.
Por cada palabra de esas que pasaba por mi cabeza era un día más sin comer. “Por uno más no pasa nada, lo tengo todo controlado” me decía a mí misma. Y eso era todo mentira.
Algo que empezó como una grandísima fuerza de voluntad terminó llevándome hasta un hospital hasta el punto de casi dejar de existir.
¿Por qué tenía que vivir? ¿Por qué tenía que seguir adelante con algo que no quería? ¿Por qué tenía que curarme si yo no estaba enferma? ¿Por qué no me podía cortar? ¿Por qué no podía vomitar? ¿Por qué tenía que seguir pasando todos mis días en ese asqueroso hospital donde todas estaban locas? -me decía mi cabeza.
Gritos, peleas, discusiones, enfados, castigos… eran ya mi rutina diaria en casa. Me veían demasiado delgada, decían. Que estaba en los huesos. Que daba pena. Que no era yo. Que algo me había poseído. -e igual sí que era verdad todo eso que la gente veía y al parecer yo no.
¿Pero, porque yo no?
¿Por qué el mundo exterior me veía de una forma distinta a la mía? ¿Por qué me veían depresiva, aislada, desganada, ansiosa, rabiosa y delgada si yo realmente estaba gorda, era estúpida, egoísta y una mierda? ¿Por qué mi espejo me mentía? ¿Por qué había desaparecido Mariona?
Bien, la historia de mi vida no es algo corto ni sencillo de contar, por desgracia o por suerte he pasado por muchísimas cosas que nadie merece y menos alguien de mi edad.
Mis problemas, mi pasado, mi poco control de la ira, mi poca habilidad social… me han terminado pasando factura a lo largo de los años.
Aquella niña graciosa, cariñosa, con ganas de vivir, sociable, amable, guapa, inteligente… hace tres o cuatro años dejó de existir.
Esa persona ya no era Mariona.
Ira, egoísmo, aislamiento, egocentrismo, dejadez, irresponsabilidad, eran unos de los tantos adjetivos que empezaron a definir a quien se suponía que era Mariona.
Pero realmente, esos adjetivos, eran dolor incapaz de ser exteriorizado.
Dolor era lo que realmente sentía.
Vivía en un infierno. Todo lo veía negro, me quería quitar la vida lo antes posible, pero siempre aparecía mi madre con ansia de salvarme; quería desaparecer porque yo no vivía, yo simplemente sobrevivía al desastroso mundo en el que creía que estaba.
Meses y meses de tratamiento, y nada. No reaccionaba. Parecía tener una venda negra en mis ojos que no me dejaba ver más allá de todo aquello que representaba enfermedad.
Y sí, no paro de repetir que todo era una mierda y super negro, pero, ¿es así ahora? ¿Cómo alguien incapaz de reaccionar a cualquier estímulo está ahora escribiendo esto?
La vida si algo me ha enseñado es que todo da vueltas constantemente y cuando menos te lo esperas todo puede cambiar.
Cuando yo menos lo esperaba llegó a mi vida una persona que me impulsó y me dio toda la fuerza que yo no tenía para luchar contra ese monstruo con el que me hice amigo.
Poco a poco empecé a hacer las cosas bien y veía que todo tenía su recompensa. Si comía bien durante toda la semana podía salir el finde. Si subía de peso, podía empezar a comer fuera. Y si no hacía síntoma, podía ir a comprarme ropa.
Con constancia, esfuerzo, recaídas y luego volverme a levantar, conseguí que poco a poco me fuera despegando de la enfermedad.
Empezaba a sonreír otra vez.
Hasta día de hoy.
Ahora pienso y digo: “esta persona que ha escrito esto es la misma que hace dos años lloraba por una galleta?” y sí, es así, soy la misma persona. O no. Realmente soy el mismo cuerpo físico y ya está.
Actualmente veo la vida con otros ojos, igual no es tan oscura como pensaba.
Tengo ganas de vivir, de ser feliz. Tengo ganas de descubrir mundo y viajar. Tengo ganas de conocer a gente nueva y nuevos hobbies. Tengo ganas de ser libre.
A día de hoy intento vivir al día a día, sin pensar en que pasará mañana y aún menos que será de mí en un futuro. Intento no responsabilizarme ni culparme por cosas que hice mal en un pasado; porque, ¿de qué sirve remover un pasado que ya no se puede cambiar?
Ahora me veo como una chica con carácter, con actitud, con alegría, guapa y con un cuerpo precioso, y sí, he dicho un cuerpo precioso. ¿Cómo voy a odiar algo que me hace existir? ¿Cómo odiaré mi cuerpo si gracias a este puedo andar, correr, saltar, comer, reír, gritar, llorar y todo lo que me proponga?
Ha sido algo muy complicado y duro llegar hasta aquí y espero seguir en esta línea y mejorar para no tener recaídas y disgustos en un futuro, aunque, si las tengo, no pasa nada, me levantaré más fuerte de estas y con más ganas de luchar.
Me he dado cuenta de que en mi vida tenía muchas cosas con las que no estaba a gusto pero tenía miedo de quitarme. He entendido que a lo mejor desprenderme de eso que me dolía o me incomodaba era lo mejor para mí. Quitarme de esa gente mala y tóxica creo que ha sido lo mejor que he hecho porque gracias a eso ahora tengo hueco para gente que si merece la pena.
Actualmente, me he cansado de sobrevivir, quiero vivir para ser libre.
Mariona.

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