Cuando el TEA y el TCA conviven

23 de enero de 2026

En nuestra práctica diaria nos encontramos a pacientes con diferentes afectaciones que pueden dificultar el diagnóstico o tratamiento de su Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). Uno de estos casos se da en aquellas personas las cuales su diagnóstico de TCA es concurrente a un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA).

¿Qué es el TEA?

El autismo es un espectro de trastornos del neurodesarrollo que afectan a la forma en que las personas se comunican, socializan e interactúan con el mundo que las rodea. Alrededor del 1% de la población es autista.

Aunque cada persona autista es diferente, de manera general los comportamientos asociados con el autismo pueden incluir:

  • Preferencia por la rutina.
  • Gran atención al detalle.
  • Dificultades para socializar o comunicarse con personas no autistas.
  • Gran interés en temas específicos.
  • Dificultades para formar y mantener amistades y relaciones.
  • Sensibilidad sensorial aumentada o disminuida.
  • Dificultades para identificar las propias emociones y las emociones o sentimientos de los demás.
  • La autorregulación emocional se da mayoritariamente mediante movimientos o comportamientos repetitivos.

Kinnard, 2020

A diferencia de los trastornos alimentarios, el autismo no es una enfermedad mental que se pueda o deba curarse. De hecho, las personas autistas experimentan tanto fortalezas como dificultades que deben valorarse. Por ejemplo, tienen un sentido muy acusado de lo que es justo o no. Esto les dificulta navegar en sociedad, ya que en general nos movemos en “los grises” y pocas veces encontramos blanco o negro, pero a la vez les puede hacer grandes profesionales de la justicia y el trabajo comunitario o social.

Comúnmente, el autismo suele asociarse con la infancia, pero esto es totalmente erróneo. Dado que el autismo es una afección del neurodesarrollo, afecta a las personas a lo largo de su vida. Esto significa que un niño autista se convertirá en un adulto autista.

Otro error habitual es creer que solo los hombres pueden ser autistas. No recibir un diagnóstico es un problema particular para las mujeres autistas, ya que sus diferencias sociales y de comunicación pueden ser sutiles y mal interpretadas. Algunas mujeres autistas también pueden desarrollar estrategias de afrontamiento que «enmascaran» estas diferencias. Pueden poner en marcha mecanismos compensatorios para evitar conflictos en las relaciones como por ejemplo, pedir disculpas de antemano por posibles errores o limitar las conductas repetitivas a contextos de confianza (Livingstone et al., 2019). Sentirse fuera de lugar y no saber por qué, y usar estas estrategias para “disimularse”, puede ser agotador y contribuir a problemas de salud mental adicionales (Tierney, Burns y Kilbey, 2016). 

Otras características diferenciales del autismo en mujeres podrían ser:

  • Más habilidades de comunicación, uso de gestos, miradas y expresiones aceptadas socialmente, aprendidas por imitación.
  • Más deseo e interés en la interacción social. Pueden llegar a tener una amiga o una relación significativa, con cierta dependencia y riesgo de relaciones abusivas.
  • Intereses restringidos que cualitativamente se asemejan a los de sus iguales sin autismo: dibujar, manualidades, bailar, series, animales…
  • Menos conductas repetitivas de tipo motor.
  • Presencia de juego simbólico durante la infancia.

CITAR Pla d’atenció a les persones en l’espectre autista

Por lo tanto, el autismo en las mujeres puede no ser diagnosticado, ser mal diagnosticado o verse eclipsado por otro problema de salud mental.

¿Qué sucede cuando una persona autista desarrolla un TCA?

Ambos trastornos comparten una serie de características que hay que tener en cuenta cuando tratamos el TCA de una persona autista. La rigidez cognitiva, la focalización en el detalle, las dificultades para reconocer y regular las emociones propias y el funcionamiento social empobrecido son, de manera general, rasgos compartidos.

A modo de ejemplo, ambos trastornos se asocian a dificultades para comprender la comunicación no verbal (la expresión facial, el lenguaje corporal y el tono de voz). Esto puede generar confusión a la hora de comprender lo que los demás piensan y sienten, generando ansiedad en situaciones sociales. 

¿Qué tenemos en cuenta en SETCA cuando ayudamos a una persona autista a recuperarse de su TCA?

Los síntomas autistas en personas con TCA no se deben a los efectos de la desnutrición, y podrían ser rasgos estables presentes antes y después de la enfermedad. Por ello, es necesario conocer muy bien las necesidades únicas y concretas de la persona a la que atendemos para tratar de garantizar un enfoque no estigmatizante ni culpabilizador. 

Algunas de las necesidades concretas de las personas con ambos diagnósticos son:

  • Reconocer un vínculo entre los dos diagnósticos y su comorbilidad.
  • Abordar las sensibilidades sensoriales y proveer de estrategias de apoyo y no solo de autorregulación.
  • Entender que el compromiso terapéutico tarda más tiempo en construirse debido a la rigidez cognitiva de base.
  • Adoptar un enfoque individualizado, flexible y paciente en el tratamiento.
  • Incorporar estrategias de autorregulación emocional y entrenamiento en habilidades sociales en el programa terapéutico.
  • Permitir espacios para la regulación emocional.
  • Proveer, en caso de que fuera necesario, sistemas de comunicación alternativos.

Si te sientes reflejada/o en alguna de las ideas que se han expuesto más arriba, en SETCA hay un lugar para ti.