Yo

6, abril, 2017

¿Cómo estás? ¿Qué sientes? ¿Cuáles son tus gustos? ¿Qué te cuesta? ¿Porque estás aquí? ¿Qué te gusta de ti? ¿Qué no te gusta? ¿Qué te molesta? ¿Qué vas a cambiar?  …


Todas estas preguntas son preguntas que antes de empezar el tratamiento no me había planteado nunca en serio, o incluso ni se habían pasado por mi cabeza. Siempre he pensado que son una de las razones por la que me gusta estar aquí. Porque si no lo hubiera vivido, si no hubiera pasado por eso, sé que no me conocería ni siquiera una cuarta parte de lo que he llegado a conocerme ahora.

Y hubo un momento dónde lo entendí. Entendí que todo este conocimiento era el motivo por el que estaba allí y que era mucho más importante que comer, recuperar peso y no hacer deporte. Empecé a plantearme, a preguntarme, a fijarme en mí: ¿qué me hacía sentir bien? ¿Qué me daba miedo? ¿Cómo era? Vi que el objetivo real era conocerse a uno mismo, cambiar las conductas que no le iban bien, descubrirse y gustarse.

Y para mí era una putada. ¿Cómo empezar a hacerlo si no me gustaba absolutamente nada de mí? ¿Y si yo no tenía nada de especial? ¿Si podía desaparecer y no pasaría nada? Realmente, no creía que llegar a no pensar que esto pudiera ser real. Bueno, de las otras lo creía, ¿pero de mí? 0.

Aún así empecé a escuchar lo que me decían, quería hacérmelo mío, también a trabajarme y a plantearme. Descubrí cómo funcionaba. A lo mejor no me gustaba nada de mí, pero había factores externos que me hacían sentir bien y eso se convirtió en mi motor. Y, sinceramente, me acostumbré a vivir así, dependiendo de todo menos de mí.

Es por eso que AHORA, a día de hoy, me sorprendo a mí misma teniendo un pensamiento positivo respecto mí misma. Un pensamiento real y no de aquellos que  había aprendido, no de aquellos de la lista que se llamaba «cosas positivas en mí» y que nunca me llegué a creer por mucho que quisiera. Me sorprendo pensando cosas por mí misma y no porque «tengo que decir mi opinión, lo tengo de compromiso, es lo que sé que tengo que hacer, …».

Y no os mentiré, no siempre es así, también tengo momentos en los que me quiero marchar muy muy, muy lejos de mí y no volver nunca más, que de repente me siento pequeña, sola, insegura y que no veo nada bueno de lo que hago, que no tengo nada especial, … Pero son menos. Mucho menos.

Soy yo, y soy yo con todas mis cosas que me hacen serlo. Y soy yo como él es él y el otro es el otro. Y diré mi opinión porque la creo y haré lo que siento porque por algún motivo lo estoy sintiendo.

Tengo mi manera de hacer las cosas, mis costumbres, mis bromas, mi manera de hablar, de reír, de mirar, … Todo me hace ser yo y ya no es para nada insoportable. También mentiría diciendo que nunca me he sentido cómoda conmigo. Hasta hace poco podría afirmar, sin dudar, que no quería ser yo. Ahora bueno, me lo pensaría más. Porque realmente cada vez quiero ser más yo. Y quiero ser más yo de verdad, no porque me toca decirlo.

Testimonio de paciente con TCA en tratamiento – SETCA Barcelona

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