Una llamada y la salud mental

Jordi Basté, la voz más escuchada en la radio de Catalunya, narraba la semana pasada en el Món a RAC1 un artículo sobre “Cuidar nuestro cerebro”, poniendo énfasis en la importancia de no descuidar la salud mental. De esta forma, nos recordaba que aún a día de hoy, la salud mental es un tema tabú y señalaba que sólo una llamada, o cualquier otra forma de solicitar ayuda, puede cambiarnos la vida. No tenemos ninguna certeza de cuánto va a durar todo esto, pero si podemos hacerlo acompañados, nos puede hacer más llevadero el camino. Desde SETCA, como Jordi Basté, queremos recordaros la importancia de la salud mental, así como de sus consecuencias a largo plazo. Pedid ayuda. Llamar a un amigo. O a la vecina. Recordar que somos una red humana con un valor incalculable en relación a la salud mental. Y si es preciso, no lo dudéis, y pedid sin vergüenza, ayuda psicológica. Es necesario romper ese tabú en estos tiempos difíciles que corren y poder, así, sentirnos un poco más cerca del resto.

“Quizás sólo me pasa a mi, pero el confinamiento total me ha provocado un agujero negro de tres meses. Recuerdo vagamente historias de aquellos días, una serie que miré (no recuerdo ninguna otra), un par de libros que seguro que leí y sobretodo unos fideos que cocinaba.

Hacía radio cada mañana desde casa y me sumergía en informativos de radio, tele y diarios, pero no recuerdo nada más y quizás por eso este año me está pasando más rápido que cualquier otro. Un año de nueve meses y un agujero negro.

Ahora deben ir con mucho cuidado los gobiernos con los movimientos que realizarán porque no sólo está en juego nuestra salud al por mayor. Hay otra que sí que recuerdo que durante los tres meses de confinamiento hablábamos casi semanalmente aquí en “El món a Rac1” que era la salud mental. Nos ayudaba Toni Calvo, un psicólogo presidente de la Fundación Galatea, que nos daba todas las llaves de vuelta para poder salir de aquél agujero negro. Él nos alertaba que venían años psicológicamente complicados por las consecuencias de aquellos meses de encierro. Ahora estamos en una época en que todos los epidemiológicos, científicos o políticos dicen que estamos mejor. Mejor que en marzo. Pero empezamos, en cambio, a sentirnos peor que nunca. Sanitariamente, nada que ver con marzo, pero psicológicamente peor.

El virus nos controla: incide en todo, en las elecciones de los EUA, en la economía mundial, en las relaciones afectivas, en los trabajos grupales, en las cenas con amigos, en los partidos y elecciones del Barça, en la obra de teatro que vi el sábado y en el concierto que me gustaría ver en verano, en la Navidad que se avecina y en el verano que hemos tenido.. Manda el virus, pero estamos mejor que en marzo.

No hay expresión que, como buen hipocondríaco, me genere más repulsión que “cuídate” – versión singular-, “cuidaros” – versión plural-. Y lo estamos intentando hacer. Y nos salimos con eso, a ratos. Quiero volver a los bares, a los restaurantes, a los conciertos, al todo vendido en el teatro, a llegar una hora antes al estadio, a mandar por ahí aquella tienda de ropa porque no tienen personal para tanta gente como la que está dentro.. pero mientras eso no sea posible espero que los gobiernos nos hagan la vida lo más tierna posible para que psicológicamente sea más sencillo de soportar.

Porque uno de los tabúes más crueles de la sociedad es todo lo vinculado a la salud mental, a menudo utilizada frívolamente. En el confinamiento fuimos buenos, nos dimos cobertura unos a otros, de manera tribal, nos protegíamos como animales en manada. Fue amoroso ver cómo los padres y las madres hacían de dique de contención para evitar que las malas vibraciones llegaran a los niños. Con el desgaste que eso supuso para los padres. A la vez, observábamos, cerrados y barrados, números de muertos, de enfermos, dudas sobre el futuro laboral, trabajos en casa con críos que gritaban, abuelos que querían ver a sus nietos y nietos que, no se podían mover de casa. Mentalmente fue cruel.

Los médicos nos alertan de que estamos pasando de la enfermedad vírica a la pandemia mental y no debemos tener miedo a verbalizarlo. Las cosas no dejan de existir porque, simplemente, las queramos obviar o las intentemos eliminar. Por tanto, os digo por experiencia: una llamada a un psicólogo os cambia la vida para bien.
No es un anuncio gratuito por la radio, es un consejo para estas épocas que no sabemos si subimos o bajamos, si entramos o salimos, si toca reír o llorar. Para el coronavirus, más pronto que tarde, tendremos vacuna, para la pandemia mental, no. Por eso, en este sentido sí vale la pena cuidarnos, cuidaros, y la psicología fue inventada precisamente para ello: para ordenar y regular nuestro cerebro. Sin miedo.“

Si te ha interesado, compártelo!