Una cultura que aprieta

Cada día se pone más sobre la mesa el hecho de que, los individuos, especialmente en las sociedades occidentales, tienen un grado muy elevado de insatisfacción con su propio cuerpo. La cultura de la delgadez que, sigue en aumento, estrecha la mirada de tal forma que la sociedad en general siente que si no acata frente a la tiranía de la belleza impuesta su cuerpo no sirve o no es válido y deseable. Las mujeres siguen siendo las más oprimidas de esta cultura. Imposiciones estéticas perjudiciales no sólo para la salud física, sino también para la salud mental, nos abruman constantemente. La cultura de la delgadez, en este sentido, no es más que otra forma de opresión y control. Dando paso también a lo que Sonia Guedes nombraba los mercaderes de la frustración que se encargan de ofrecernos todo tipo de productos y servicios para cambiarnos el aspecto, o sea, para cambiarnos la vida, fórmulas mágicas para ser felices gracias a nuestros cuerpos a la carta. Y llega el momento de enfrentarnos al espejo, nos miramos y no nos encontramos, nuestra imagen se desdibuja y nuestro cuerpo es un corsé que nos oprime, y nosotros quedamos en él confinados, como una sombra que lo habita. Hemos convertido nuestro cuerpo en una prisión en vez de una expresión. La anorexia y la bulimia, así como otros TCA, no dejan de ser a menudo síntomas de una cultura que aprieta.

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