Testimonio paciente anorexia (parte II)

Barcelona, 11 de enero de 2013

Un dia más caminando, sin un rumbo fijo ya que la brújula me tiene loca, pero con un corazón que sigue latiendo.
Hoy Tere se ha despedido de sus amigas con un folio en blanco en el cual había un beso hecho con carmín rojo y una nota escrita, un mensaje que se quedará aquí en la tierra al igual que su cuerpo. Lo que se queda en las almas de cada una de sus amigas es su espíritu de lucha, de fortaleza, de veracidad… y las últimas palabras que yo le he dicho al despedirme era que descansara. Algo tan fácil y tan difícil a la vez para mi. Descansar tanto física como psicológicamente. ¿Cuántas veces dejo descansar mi alma? ¿Acaso me planteo hacerlo? muchas veces ni me acuerdo de que la tengo y de que yo también merezco descansar. Temo no tener nada que hacer, estar quieta, sola conmigo misma.

Me he quedado tocada porque no ando muy fina de ánimos y ver tanto apoyo en un momento tan sumamente complicado me vuelve a remover por dentro. Físicamente me encuentro más fuerte, con más energía y eso hace que salir a la calle no se me haga tan pesado. Pero a veces cuesta sonreír. Hoy otra paciente me comentaba la importancia de una sonrisa… decía que yo era como un ángel que regalaba sonrisas. Y es cierto, regalaría todas las sonrisas que pudiera para que el otro se sintiera reconfortado; pero yo pocas veces me sonrío a mí misma. Al revés, me machaco con mi exigencia. Siempre queriendo más, ¿eso también forma parte de la anorexia? ¿Por qué no puedes transmitirte a ti misma los mensajes positivos que transmites al prójimo? cuantas cosas hay en el mundo que son gratis y que no apreciamos… una mirada, un beso, una caricia, un abrazo, una sonrisa. Pero tienes que recibirlos también, porque si solo das y no dejas recibir…

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