TCA más allá de la comida y el cuerpo

2 de junio.

Con motivo del Día Mundial de Acción para los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), queremos compartir un testimonio de una paciente en tratamiento por TCA. Lucha, miedos, superación, ilusión,…


Mi abuela se piensa que “quiero estar en forma” y “me gusta seguir la moda”, que “soy muy previsora y me encanta tenerlo todo controlado”,  que “tengo mis rutinas”… También se piensa que “disfruto mucho de la comida” y que “de vez en cuando me entra la gula”. Yo también me intenté convencer de que esto era lo que pasaba. Todo esto no es verdad.

Siendo niña, no me quería, y, a veces más, a veces menos, se me hacía difícil hasta ir al colegio. No entendía mis emociones ni les daba el espacio suficiente. No me escuchaba ni me priorizaba en nada. Me sentía sola e incomprendida… También había situaciones que me producían mucha ansiedad, pero nunca lo hablé. La enfermedad ya existía.

A los 14 años descubrí una manera de lidiar con esas emociones de profunda tristeza y de inseguridad y ansiedad.
Esas “herramientas” a las que me acogí es lo que se llama TCA.
Como también podrían haberlo sido el alcohol, las drogas, la adicción al sexo, etc, si hubieran estado a mi alcance.
Al principio creí que era muy feliz, incluso lo más feliz que había sido hasta entonces. Poco a poco, la situación fue perdiendo brillo.
Cada año que pasaba, el monstruo se desnudaba un poco más y me mostraba su verdadero color.
Al cabo de 5 años me encontraba en un infierno. Mi vida giraba en torno de una obsesión que no podía controlar. Me perdí.

A corto plazo y superficialmente, estas herramientas enfermizas, «sirven» poder «ir tirando».
Pero al fin y al cabo, es puramente un método de auto-destrucción a través del cual nos dejamos de cuidar, porque no creemos que merezcamos nada mejor.

Además, a través de los años, mi existencia e identidad se fue forjando alimentándose de eso con lo que convivía.

También hay gente que cree que si viviéramos en medio de las montañas, entre árboles y flores, cuidando de vacas y apartados de la sociedad; se resolverían todos nuestros problemas. ¿Cómo se van a resolver si no dependen únicamente de la sociedad en la que vivamos o las modas que haya?
Hubiéramos utilizado otra manera sintomática de gestionar esas preocupaciones o problemas y de hacernos daño, que puede que no fuera a través del cuerpo y la comida; pero, al contrario de lo que mucha gente pensaría, el trabajo emocional personal es lo que hace la diferencia, las circunstancias tan solo aportan su granito de arena.

No mentiré. A veces todavía pienso que si fuera por mi, me dejaría llevar por mi monstruo… Que me estoy curando por el bien de mi familia y de quien más quiero; no por mi misma. Me pregunto, “¿no será todo una farsa?” “¿no puede ser, que yo sea un caso especial y que la única forma de conseguir mi felicidad sea siguiendo a mi voz enferma- o más bien dicho, a mi misma?”
Estos momentos, a mi asombro, cada día se reducen más,
Es entonces cuando paro y intento recordar la vida que no viví. Y digo lo intento porque creo que mi cerebro ha tratado de eliminar los momentos mas dolorosos; están borrosos y me cuesta recordarlos.
También tengo una conversación conmigo misma, todavía enferma, a los 40 años (dentro de 20). Le pregunto cómo le va. Me dice que se arrepiente. Que siga por donde estoy yendo ahora. La prisión se ha ido encogiendo y ella ya casi no puede respirar.

Si comparo su vida con la mía, me envidio.
Yo he pedido ayuda.
Gracias a estar donde estoy, tengo las fuerzas para poco a poco irme escapando por los agujeros de entre las rejas.
Porque sí hay salida.
Son los terapeutas la lupa que te permite verlos, si te fijas bien.
Mi esperanza va en crescendo día a día.


Con motivo del día mundial de la acción por el TCA quiero pedir consciencia social. La raíz del problema no es simplemente estética, y si, es posible la recuperación total.


Si te ha interesado, compártelo!