Salud Mental: no podemos seguir evitándola

Cuando Íñigo Errejón preguntaba por la salud mental de los españoles tras la pandemia y el confinamiento y, solicitaba un plan de salud mental en el Pleno del Congreso de los Diputados, un diputado del PP, Carmelo Romero, lanzó un gritó de “vete al médico”. Puede parecer un hecho aislado y político, pero nada más lejos de la realidad. Nos pone encima de la mesa que la salud mental sigue estando estigmatizada. Sigue siendo un motivo de vergüenza. Y no está en nuestra actualidad política con la presencia e importancia que debería. La salud mental sigue quedando silenciada en la recámara. Y eso, la convierte en un problema todavía mayor.

Los resultados de la última encuesta sobre la salud mental de los españoles/as publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es alarmante. Los datos afirman que 6 de cada 10 personas en España tienen síntomas de depresión y/o ansiedad; 7 de cada 10 jóvenes están desesperanzados por sus expectativas de futuro; el 42% sufren problemas de sueño; más de la mitad de la población se siente cansada, sin ganas de nada; y 10 personas al día se suicidan en España. Los datos hablan por sí solos. En este sentido, Jaume Padrós, presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, apuntaba hace apenas unos días que más allá de contener la pandemia, actualmente es preciso tener también en cuenta que la salud mental y la pobreza son problemas de salud pública de primera orden. No podemos apartarlos de la agenda. Ni de las noticias.

¿Y si la cuarta ola viene dominada por todos los problemas de salud mental que no están siendo atendidos? ¿Cómo podrá nuestro sistema público asumirlo? No podemos seguir mirando hacia otro lado. No se trata de una cuestión política; sino de una cuestión vital.

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