Quiérete tal como eres

22, julio, 2016


La baja autoestima o las inseguridades, unos cánones de belleza que nos imponen un prototipo de belleza  sinónimo de delgadez, … estos son unos pocos de los factores que muchas mujeres (y también, cada vez más, hombres) desarrollen un TCA, Trastorno de la Conducta Alimentaria.

El verano y las vacaciones,  con su contínuo bombardeo de la llamada «operación bikini»,  es especialmente sensible para estos pacientes que temen el momento de ver expuestos sus cuerpos.

Hoy desde SETCA queremos rendir un pequeño homenaje a la ya famosa autora del post del verano, Jessica Gómez, que hace unas semanas compartía un relato en las Redes Sociales en el que lanzaba su personal mensaje a todas las mujeres que temen este momento. Un increible relato en el que nos explicaba cómo millones de mujeres en todo el mundo se avergüenzan de su cuerpo cuando van a la playa o la piscina. Esta lección de autoestima que hoy queremos compartir , ya que como ella dice :  “tu cuerpo es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces”.

¡Gracias Jessica!


Os dejamos una pequeña parte de su relato

«QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:

Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.

Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación ‘transcendental’ y la música de vuestro equipo me invaden el aire.

¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.

Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.

Te he visto ser la última en quitarte la ropa.

Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.

Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos.

Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.

Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.

Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.»

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