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¿Quién se atreve a decirme cómo debo ser?, yo soy y punto

Desde nuestros orígenes las mujeres hemos tenido un papel secundario en la sociedad. Si miramos en el campo religioso, la Biblia nos cuenta que Dios creó al hombre y de éste nació la mujer. Por el contrario, si queremos creer la vertiente científica de nuestra historia, que nos explica como era la humanidad hace millones y millones de años, también encontramos en ella un claro poder del hombre sobre la mujer. Y esto ha sido así hasta nuestros días. Aunque queramos creer que el mundo ha cambiado, esto no es verdad, ya que aún deben producirse muchas modificaciones en la esencia de la sociedad para que esto sea posible.

Con esto, quiero decir, que desde siempre se nos ha mandado tanto por cómo ser, cómo actuar, cómo pensar, cómo vestir, etc. Y, desde siempre se nos ha mandado desde los ojos masculinos de la sociedad. Ha sido esta esfera exterior, esta visión ajena la que siempre se ha impuesto sobre nuestro yo y contra la cual nosotras, hasta el momento, no hemos luchado más, hemos aceptado y claudicado sin más. A partir de esto, incluso nosotras mismas hemos empezado a juzgarnos con unos ojos demasiado exigentes. Hemos añadido a las influencias de la sociedad nuestras propias reglas siendo éstas más tajantes y restrictivas.
Y nos hemos rendido y dejado de querer ser más libres, independientes, respetadas, valoradas social y laboralmente que no es poco; sino que, además, debemos ser perfectas físicamente.

La sociedad ha establecido en los últimos años un prototipo de clase social que podríamos llamarlos chic, in fashion, o, más coloquialmente hablando, gente bien que rigen un modelo a seguir para todas aquellas personas que quieren triunfar en la vida y ser felices. Gente guapa, que viste bien, con un buen trabajo, que va al gimnasio, que cuida lo que come y que está estupenda. Y nosotras, por no ser menos, queremos ser como la mujer del anuncio: altas, esbeltas, con un pecho proporcionado, sin celulitis ni arrugas y, por supuesto, con un vientre plano. ¿Porqué todas las mujeres del anuncio lo tienen así? Nosotras nos exigimos, porqué por nuestro carácter podemos con todo o, al menos, pensamos o queremos demostrarlo, aunque esto no sea ni verdad ni posible. Pero no nos paramos a pensar que las chicas de los anuncios viven para esto y dedican la mayor parte del día en cuidar su cuerpo. Y, si lo hacemos, no reparamos en pensar que esto conlleva un tiempo, pero nosotras nos empeñamos en conseguirlo igualmente.

Nos obsesionamos porque nosotras queremos ser aceptadas por la sociedad de una vez por todas y estamos dispuestas a todo. Hacemos casos a los anuncios y compramos cremas, productos dietéticos, hacemos dietas que sólo hacen que hacernos pasar hambre y reprimirnos de muchos placeres, nos machacamos al gimnasio después de una jornada de trabajo durísima… Yo misma podría ponerme de ejemplo, aunque no tenga una conducta de cumplir a raja tabla todo lo anteriormente dicho. Sin embargo, vivo obsesionada por mi barriga, hasta el punto en que me convertí en enferma de anorexia. Y si lo pienso bien, tengo que reconocer que no me sirvió de mucho, sólo logré pasarlo mal y estar enferma; porque, al fin y al cabo, nunca conseguí mi objetivo, porqué mi obsesión hacia mi barriga me ha perseguido siempre. Y, aún hoy, después de un año en tratamiento no dejo de mirar y comprobar mi barriga, aunque esta sea en un porcentaje mucho más reducido que anteriormente . Yo no he comprado nunca cremas, ni aparatos, ni he ido al gimnasio, pero sí he jugado con mi vida y con la comida para estar como la chica del anuncio. Descuidé mi salud, me olvidé de mi persona, de mis valores, de mis cualidades y mis virtudes. Todo esto quedó en segundo plano y prioricé mi cuerpo y mi imagen antes que todo aquello. Visto des de fuera sólo puedo pensar en lo materialista y superficial que es todo esto, unas cualidades que no incluyo para definir mi persona.

Yo ya no quiero tener un vientre plano y fibrado como los del anuncio, le decía a mi psicóloga. Y, fue entonces, después de varias sesiones, cuando me animó a plasmarlo en este artículo a favor de las barrigas. ¿Qué te sugiere? –me comentaba. Empecé a pensar, pero no encontraba nada en mi mente y no me quedó más remedio que buscar información por Internet. Quedé asqueada. Sólo encontraba páginas con el siguiente contenido: ¿Cómo perder unos quilos?, No quiero tener barriga, Trucos para no tener barriga, ¿Porqué algunas mujeres flacas tienen barriga?, etc. Pensé: ¡Qué horror y qué obsesión! Trabajos para encontrar contenidos relacionados con la barriga de tipo científico, de embarazadas o definiciones al respecto. Escasos. Cogí mi enciclopedia de toda la vida: (anat. Anim.) Abdomen, vientre, especialmente su cara anterior. Otro: la porción más grande o saliente de una cosa convexa. Es decir, que en la esencia de la definición de la palabra barriga se nos indica que para que algo pueda ser nombrado como barriga tiene que estar hacia fuera.

Pero mi pregunta es: ¿Hasta que dimensión hacia fuera? Y yo misma me respondo al pensar en las palabras de mi psicóloga: dentro de la salud, cada persona con sus dimensiones en función de su anatomía, constitución y genes. Además, si tenemos un peso saludable y una dieta equilibrada, es imposible tener una barriga desmesurada o con mucha grasa, son cosas incompatibles. Pero lo peor o lo difícil de todo esto es entender este funcionamiento, debido a nuestras alteraciones y percepciones de la realidad. Sin embargo, lo que más nos cuesta es aceptarnos tal y como somos, sin querer ser como tal o cual; sino querer ser nosotras mismas con más o menos barriga. Eso no debería importarnos, porqué en el fondo es superfluo y con los años nuestro cuerpo se deteriora y eso no podemos cambiarlo.

La perfección de las partes en un cuerpo no existe, sino la armonía y cohesión del conjunto. Quiero decir que focalizar nuestra mirada y querer tener cada parte del cuerpo de una determinada manera es totalmente imposible, las dimensiones del cuerpo aumentar o disminuyen proporcionalmente. Por ejemplo, en mi caso, no es viable querer tener mi barriga totalmente plana y magra y tener el resto del cuerpo aceptable. Al contrario, si quiero mi barriga así mi cuerpo queda demacrado pudiendo hacer anatomía ósea en mi cuerpo sin necesidad de radiografías. Debo aprender a aceptar las dimensiones de mi barriga en relación al estado físico saludable de mi cuerpo. Por otro lado, y pensando desde fuera, mi reflexión sobre esto es: ¿No es verdad que cada persona es única por sus características físicas y psíquicas? ¿No es verdad que todo el mundo reconoce a sus amigos por la altura, forma de cara, color de los ojos o de pelo? Entonces la complexión de nuestro cuerpo también tiene algo que decir de nosotros. En definitiva, cada parte de nuestro cuerpo nos define y aprovechamos cada una de ellas para comunicarnos con los demás. Es decir que si yo quiero tener la barriga de la otra lo que estoy intentando es cambiar mi naturaleza genética y desvirtuar mi persona y esto sí que no lo quiero. Como he dicho todas queremos ser aceptadas por la sociedad en general y, sobretodo, por nuestro círculo de amistades más próximo. Sin embargo, lo que sí tengo claro es que me gusta como soy y quiero que los demás me valoren tal y como soy, sin más y sin menos; y estas ideas deberían ser las que priorizasen nuestras mentes.

Abriendo otro tema, si miramos atrás en el tiempo podemos ver cómo el culto al cuerpo de la sociedad era diferente al de ahora. Si nos centramos en el siglo XVI – XVII y, más concretamente en los cuadros del pintor flamenco Peter Paulus Rubens, apreciaremos que en aquella época lo estéticamente bonito en las mujeres eran sus curvas y sus cuerpos carnosos; lo que diríamos ahora un cuerpo donde se pueda coger. Los extremadamente delgados de la época eran lo pobres que no tenían mucho para comer. Sin embargo, la nobleza y la gente con clase social elevada presumían de sus cuerpos bien alimentados. Y es que des de siempre se ha definido físicamente a la mujer por sus curvas. Unas curvas que deben pronunciarse en la cintura y las caderas, los senos, los muslos y trasero y también en la barriga. Curvas que no tienen que ser exageradas, pero sí proporcionadas. Para mí, la feminidad en su estado máximo es una mujer en período de gestación. Poder crear y dar vida en nuestro interior es un don que nos ha sido dado y del que debemos estar orgullosas aunque tengamos que tener barriga y ¡una gran barriga! Pero este símbolo voluminoso y curvilíneo es mucho más que una barriga grande. Caracteriza y determina una época en tu vida en la que puedes dar y entregarte completamente a otra persona porqué has conseguido estabilidad social, serenidad emocional y sentimiento de pertenencia y grupo. Por todos estos motivos yo siempre he dicho que cuando esté embarazada será un momento de mi vida en el que me gustará tener barriga, porqué tiene un significado y un objetivo concreto.
Centrándonos en este aspecto de la feminidad, y después de reflexionarlo un poco entendí bien porqué una mujer necesita tener una barriga más pronunciada que no una tabla de planchar y con alguna que otra piel de más. De hecho, si tenemos que aguardar un bebé en nuestro interior nuestra barriga debe estar preparada y asegurarse ser un buen nido durante los nueve meses. A veces he pensado: ¿Por qué se me coge tanta piel? ¿Por qué es tan elástica? Y es allí donde se ubican las respuestas, para tener las características óptimas para el embarazo. Aunque algunas mujeres sí puedan tener una barriga como la tabla de planchar y con poco más que el hueso y la piel. Eso ya es de formación genética.
Uno de los artículos que encontré por Internet llevaba por título “Mujeres: a los hombres no les importa la celulitis, ni la barriga”. Nos hartamos de leer este tipo de artículos en las revistas femeninas y nosotras como no los leemos todos. Esta encuesta porqué va a favor de la naturalidad y de los cuerpos tal cual son, pero en general debemos revelarnos contra este tipo de informaciones porqué acaban saturando nuestra cabeza. Y como consecuencia acabamos en la obsesión. Está bien saber que es lo que les gusta a los hombres, pero al fin y al cabo tu eres como eres y no podemos hacer mucho para ser diferentes; a no ser que recurramos a la cirugía estética, los tintes para el pelo, las lentillas de colores… O sea en crear otro yo.

Nosotras debemos ser más inteligentes que todo esto. Es cierto, como mujeres y como seres coquetos debemos cuidar nuestra imagen, siempre des de la salud. Y sobretodo, preocuparnos por nuestros defectos, nuestras virtudes y cultivar nuestra cultura, principios y cordura que será, de echo aquello que acabe gustando o no a un hombre. Y si vamos un poco más allá, será aquello que nos llene, que nos haga sentir orgullosas de ser como somos. Porqué des esta forma, será nuestro corazón, nuestra cabeza y nuestro interior que dominará nuestro cuerpo y no al contrario, con el peligro de caer en la materialidad, la obsesión y por consiguiente en un descontrol perturbado.

Testimonio de paciente con anorexia


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