testimonio bulimia

Mi cuarta semana

Enferma de anorexia. Cuarta semana de tratamiento. Miedos, sentimientos, muros que se rompen, …

Hoy, desde SETCA, queremos compartir un testimonio de una paciente que, tras cuatro semanas en tratamiento para superar su TCA (trastorno de la conducta alimentaria), se desnuda y nos descubre su yo interior.


Rompiendo mareas, rompiendo estacas clavadas hace tanto tiempo que ya no las sentía, rompiendo trajes que ya no quiero llevar…

A veces me siento como un corresponsal de guerra en pleno estallido de la tercera guerra mundial, o mejor dicho, personal. Cada día afronto trincheras donde intento ponerme a salvo de atracones y ayunos, fuegos cruzados entre mi parte enferma y mi parte sana, cañonazos lanzados por mi terapeuta contra la línea enemiga, heridos de palabras y emociones lanzadas con rabia y miedo, chalecos salvavidas en forma de llamadas intempestivas y whatsapps de SOS, treguas firmadas en grupos terapéuticos, y yo, yo intentando sobrevivir en medio de todo, en la inmensa soledad de quien firmo por primera vez esta guerra, y que ahora armada hasta el cuello con respiraciones profundas, pensamientos positivos, paradas de control, libretas de ingestas, palabras escritas durante la noche en pantallas parpadeantes, paseos por la naturaleza en plena consciencia, sonrisas rescatando normalidad, camino con una sola meta: ganar, aunque ganar a veces signifique perder, perder la ilusión de control, perder la ilusión de que todo está bien, perder la ilusión de saber, perder la ilusión de aislamiento y soledad, perder el orgullo, perder el egocentrismo, perder el pesimismo, perder el ir a mi bola, perder el pensar que soy especial, diferente, perder en definitiva esa gabardina que tan pegada a mi piel se ha quedado y que yo he acabado por confundir por mi propia piel y que ahora cuesta tanto arrancar.

Y con los pies en el suelo…

El viernes fue un día, como diría, cabizbajo, un día de agachar la cabeza y reconocer tu derrota, la derrota de quien ya no puede más y pide que otro le diga lo que tiene que hacer, aunque eso signifique lanzarte a un abismo desconocido.

El viernes no tocó hacer ayuno, tocaron abrazos, lágrimas, palabras de ánimo y miradas de apoyo, tocó comer, eso que tanta gente consigue hacer con normalidad, eso que tanta gente hace cada día tres veces, como mínimo, al día y que yo a duras penas consigo hacer una vez, si es que lo consigo, como si se tratara del juego de la diana y cada día disparara un dardo a ver si he tocado la diana de poder comer. Lo extraño es darte cuenta que la gente no tiene dardo ni diana, que simplemente el comer no representa un logro, un premio, una montaña que escalar, sino un simple acto cotidiano de amor a uno mismo
que por el simple hecho de existir merecemos. Tan desconectada estoy de mi misma que no soy capaz ni de reconocer esa necesidad, ese derecho, esa obligación para con la vida y para conmigo misma y los demás.

Y hoy, lunes, después de haber derribado ese muro de Berlín, ese muro de ayunos, afronto mi cuarta semana de tratamiento, con la vista un poquito más levantada del suelo y más enfocada en la vida.

Testimonio de paciente con TCA (trastorno de la conducta alimentaria) en su cuarta semana de tratamiento.


anorexia


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