Los abrazos necesarios

Un suicidio cada dos horas. Once muertes al día. Tres mil novecientos cuarenta y un suicidios en tres cientos sesenta y cinco días. Este año se ha registrado la mayor cifra de suicidios de la historia en España. Y nuestro silencio mata. Habitamos una sociedad que estigmatiza la salud mental. Y al mismo tiempo, ofrece cifras devastadoras bajo potentes títulos que lamentan todas las muertes que no dejan de crecer. Estos son, sin lugar a duda, datos de una tragedia. Son datos de una vergüenza. Detrás de cada número, de cada estadística, hay vidas finitas. Hay familias en duelo. ¿Cuál está siendo la verdadera pandemia? La adolescencia, esa etapa que inevitablemente siempre supuso un momento de crisis existencial profunda, parece que es ahora una etapa potencialmente mortal. El suicidio es la principal causa de muerte en los jóvenes de Occidente. Quizás estas noticias deberían ser invitaciones a la reflexión, tanto personal como social. Y pese a que el suicidio no deja de ser un fenómeno muy complejo, dónde intervienen distintas causas y dimensiones, el momento actual es un potente detonante. En el caso de los TCA que nos ocupan, los casos no dejan de aumentar, así como empeorar. Estamos viviendo una recaída profunda en los pacientes que sufren los trastornos más graves debido a que, con frecuencia, la sanidad no está pudiendo atender de forma inmediata o, a veces, incluso, ni de forma presencial. ¿A dónde llegaremos con todo esto? Sin duda, empieza a ser necesario que se aborden uno a uno todos los mitos alrededor del suicidio, que la salud mental se encuentre arriba de la escalera de las prioridades y recordar que todos tenemos una función indispensable. El covid no genera suicidios, pero se convierte en un potente factor de riesgo que al mismo tiempo demuele algunas pirámides básicas para la supervivencia humana, como la cohesión social. O los abrazos. Tan simple y necesario como eso. Basta de titulares: accionemos.

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