testimonio paciente anorexia

La vaca que no ríe

¿Por qué hoy mi espejo me muestra un cuerpo gordo y por qué mañana parece no serlo? ¿Por qué mi mente quiere ver un cuerpo hinchado cuando los demás ven todo lo contrario?

Hoy, desde SETCA, queremos compartir un testimonio de una paciente con anorexia que, tras semanas de tratamiento, decide que quiere cambiar esta visión, obsesión, que su mente quiere imponer a su cuerpo. Hoy ha decidido empezar a quererse y dejar atrás este monstruo que la domina y empezar a ver la realidad.


Un día me levanto, me miro al espejo y me veo bien. Mis ojos me muestran lo que ven objetivamente, la realidad. Pero entonces, tal vez el día siguiente, me levanto, me miro al espejo y… tachan, magia, ya no me veo bien: mis piernas se han inflado, mi cara está más redonda y la barriga me pesa… Mi sensación física es negativa y la ropa que ayer me quedaba bien, ya no me queda. Haciendo caso a lo que veo, me empiezo a angustiar a obsesionarse y pienso en las cosas que no debería haber comido. Tengo una mezcla entre ganas de llorar y rabia hacia mí misma. Es uno de los días en que mis fobias desmesuradas hacia la comida se disparan.

Pero, ¿que ha pasado aquí?

Si pienso objetivamente que esto no es real, que mi mente está engañando a mis ojos. De un día para otro no me hincha como un globo y al siguiente vuelvo a estar como el primero. Sé que esto es fruto de otra cosa y que el descontrol en el cuerpo no existe de manera ipso facto si haces una dieta normal y equilibrada. Que comida normal no significa subir y subir de peso sin cesar.

El problema está en el día, que me miro y veo una vaca que no ríe sino que tiene ganas de llorar. Le hago miradas furtivas en el espejo. De algún rincón de mi mente salen todos los complejos que me aterran, que me dan miedo y me impiden concentrarme en los recuerdos y pensar en las cosas de manera objetiva. La obsesión se mueve por sí sola «a super antojo». En este momento quiero ser capaz de parar y de decirme a mí misma: BASTA, hoy la mente te está engañando, no le hagas ni puto caso, no es real, que no te condicione. La experiencia me hace ver que es como si estuviera viviendo una especie de realidad paralela, la que no domino y donde vive el Mi doble yo, la sombra de mi sombra, a la que mi siento atada, ligada a una que desprende un aura asquerosa.

¿Soy yo haciendo de mí? ¿Cómo me ve la gente?

La gente ve lo que yo no veo y éste también es un motivo que me hace saber que me equivoco, que todo es irreal en esta realidad paralela.

Ojalá pudiera verme siempre con los mismos ojos, los buenos, los reales, los de la gente. Mi doble yo no es bueno, es veneno. Yo soy la que tengo que escribir el guión de mi vida, las normas, como en las películas y no él, el doble. Tengo que sentir y afrontar las cosas sin dejarme arrastrar por él. No puedo estar angustiada por la comida y dejar de sentir por no oír que es un «parche» que me hace ir guardando y guardando hasta que al final, al igual que una olla a presión, exploto por donde no tengo que explotar.

Todo es confuso pero tengo que tener presente siempre lo que es real, o al menos, que cosas que veo que no son reales. Ojalá, me pusiese a correr y lo perdiera de vista.

¿Cómo se mata el fantasma de uno mismo?

Estoy harta de angustiarme y depender de cosas que no son significativas en primera línea de la vida. Quiero despertarme sin buscar razones, sin obsesiones. Quiero ser feliz sin necesitar todo esto.

Al final nada parece ser lo que creía, así que lo mejor será creer en lo que me dicen aquí, las terapeutas. Tengo que confiar en ellas. Ahora, las fuerzas deben ir invertidas en tirar hacia adelante, a creer en mí, a eliminar la obsesión y, sobre todo, a AMARME.

Para que la magia no está en el truco sino en la mirada.

Testimonio de paciente con anorexia (TCA, trastorno de la conducta alimentaria)


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