Trastorno Conducta Alimentaria

La soledad de las enfermedades psicológicas

Un problema familiar, un cáncer, un divorcio, … ¿por qué es tan fácil conseguir esa empatía en los demás cuando nos encontramos en un momento difícil y, sin embargo, cuando se trata de una enfermedad psicológica como lo es un TCA esa puerta de la empatía se cierra ante nosotros?

Hoy, desde SETCA, queremos compartir un testimonio de una paciente (con Trastorno de la Conducta Alimentaria) que quiere desnudarse y buscar el consuelo, la comprensión y la empatía de sus allegados y poder compartir su TCA.


Esta mañana, en el trabajo, una compañera ha compartido una confidencia conmigo. Estábamos a solas en una reunión viendo un trabajo que hacemos a medias y, en un tono de intimidad, me dijo: «perdóname si no me ves muy concentrada, es que Pedro y yo lo hemos dejado definitivamente». Ella ya me había comentado que tenía problemas con su chico y, finalmente, han optado por dejarlo.

Creo que no es necesaria tanta confianza para confesar una ruptura o decir que no te concentras porque tienes «dolor de muelas». En cambio, si que no es tan sencillo de explicar que tienes un mal día porque estás en un momento delicado (depresión) o porque tu fobia social te está generando ansiedad. Es más, creo que es incluso más fácil de explicar que has tenido gastroenteritis y todos los detalles escatológicos que esto te supuso a que des una pincelada sobre algún problema psicológico.

Tengo también otro compañero que tiene crisis de vértigo y todos empatizan con él, le preguntan y le tranquilizan, lo que a él le ayuda a compartirlo, pedir ayuda cuando la situación le supera, y desahogarse sobre ese tema que, obviamente le preocupa, hasta, incluso, delegar parte de su trabajo esos días más difíciles.

No os imagináis lo que daría por poder hablar abiertamente de mi problema como lo hacen ellos… Poder llegar un día a una reunión y decir que «hoy tengo un día malo porque no me siento bien con mi cuerpo» o «no me ofrezcáis otro pedazo de pastel porque ya he tomado uno y rechazar la comida es muy complicado en mi situación». ¡Cómo me gustaría poder normalizar todo esto que me pasa!. Pero no, resulta que el mío es un tema tabú.

En mi vida personal, todo es un poco más fácil: el que no quiera o no sepa vivir con mi TCA (trastorno de la conducta alimentaria) no estará cerca de mi en los próximos meses, incluso si ese alguien fuese de los que quiero de verdad, creo que lo alejaría de mí. En el trabajo, en cambio, hay demasiado en juego, todos somos muy distinto, son personas que yo no he elegido y, creo, que el riesgo es más alto.

En general, las enfermedades psicológicas dan miedo, como si hablar de ellas o darles vida significase abrir la caja de Pandora y todos los males fuesen a echarse a volar… Parece que, lo mejor, es darles la espalda: si no hablamos de eso, no existe, y si no existen tampoco nos van a hacer daño, ni a mi ni a los que quiero. Esto mismo tendríamos que olvidarlo y luchar para que estas cosas tan feas se quedasen en el cuarto de los trastos, debajo de la alfombra o en algún lugar bajo tierra… ¡Sí, dejémoslo todo a presión y que no salga! Fuera, fuera, tanto los males de los otros como los propios, no vamos a hablar de esto porque nos incomoda, porque si hablamos de ellos tendrán vida, y porque, quizás, pensando mucho en ellos será como hacernos responsables de su existencia, que esos males se originan en nuestros pensamientos.

¡Qué ingenuidad más perjudicial!

Quizá, si hablásemos de estas cosas, podríamos evitar muchos males… solo podría ser… pero, lo que es seguro, es que esto sí resulta más fácil que ponerle remedio. Pero, creo, que todo esto debería salir de su escondite, mirar a los otros a los ojos y, a la vez, cada uno de nosotros mirarnos al espejo. Está claro, es feo y da pereza y todos tenemos mucho miedo a hacerlo.

Vivimos en una sociedad cobarde que no es capaz de auto-curarse, es una sociedad condenada en la que un padre le da la vida a sus hijos pero que, después, los abandona.

Pero, por suerte, hay lugares en lo que todo esto no es así, pero se limita a las esferas más privadas y nos obliga a hacer un «casting», y siempre corre el riesgo el cómo reaccionarán los otros. Debería de ser tan normal tener una depresión como tener una bronquitis, una ruptura sentimental como un Trastorno de la Conducta Alimentaria, ser lo mismo estar triste por la muerte de un familiar como tener agorafobia. Sin embargo, la realidad es que hay temas que están normalizados y, otros, que no lo están. Yo podría pensar «mira este que tos más fea que tiene, seguro que es porque fuma como un vicioso y sale cada noche». Sin embargo, nosotros (los enfermos de TCA) sí pasamos situaciones parecidas y nadie las cuestiona…

Así que solo nos queda seguir luchando, no podemos acobardarnos solo por el hecho de que el viento nos golpee fuerte en la cara…

Testimonio de paciente con TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria).


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