La Operación Bikini, en el umbral de los TCA

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¡Ya está, ya lo tenemos aquí! ¡Ha llegado el buen tiempo! Se acerca el verano y con él la temida operación bikini y la obsesión de miles de personas por lucir ese cuerpo que las grandes multinacionales de la moda y la publicidad consideran perfecto a pesar de no ser más que una quimera. Los profesionales sabemos que si hay una época especialmente mala para las personas que padecen trastornos de la conducta alimentaria ésa es, sin duda, el verano. Empieza la vorágine de la “operación bikini” que cada primavera atormenta a miles de personas en los países occidentales y las hace esclavas de una norma implícita y peligrosa que dice que, en verano, hay que estar más delgado y tener más músculos que de normal, una norma que anima a empezar dietas sin sentido y entrenamientos absurdos para parecerse a ese prototipo de belleza que crean los publicistas desde sus despachos y que las televisiones y la prensa se encargan de difundir, conscientes de que esa imagen irreal y manipulada que ellos venden empuja a miles de personas a jugarse la salud y caer víctimas de la anorexia, bulimia, vigorexia o cualquier otro trastorno de la conducta alimentaria.

Todos hemos visto el spot veraniego por antonomasia, y decimos el spot porque a pesar de que hay muchos y de distintos productos todos siguen un único patrón: chica o chico con cuerpo retocado hasta lo ridículo, de piernas sospechosamente largas y abdomen falsamente liso, ataviado con un diminuto vestido, bikini o traje de baño imposible; sonríe, baila y lo pasa bien mientras una convincente voz en off narra la efectividad de una crema reductora, de un alimento “light”, de un anticelulítico o de ciertas pastillas adelgazantes milagrosas. El problema no es la falacia del marketing que hace que la sociedad confíe en la veracidad del producto anunciado y corran a adquirirlo, ¡eso es lo de menos! El mayor problema viene cuando miles de chicos y chicas se convencen de que necesitan tener ese aspecto utópico de extrema delgadez o un cuerpo musculado para ser feliz, para sonreir, para bailar y pasarlo bien como los modelos del anuncio.

¿Qué pasa cuando el inocente plan de “comer sano y practicar deporte” que ese chico o chica se impone a principios de primavera como parte de la operación bikini se vuelve una obsesión? ¿Cuándo lo que empieza como un propósito, a priori saludable e inofensivo, acaba derivando en un control exhaustivo de lo que se come, en un recuento enfermizo de las calorías y en estancias cada vez más largas en el gimnasio?

En Setca sabemos que la línea que separa esa inocente “operación bikini” de la anorexia, la bulimia o la vigorexia es muy fina y que una vez se ha cruzado es muy difícil volver atrás. Es por ello que insistimos en la necesidad de difundir (y cumplir) todos los puntos que forman el decálogo de buenas prácticas sobre la imagen corporal del que ya hablamos en nuestro blog, ya que cambiar y abolir este fenómeno llamado “operación bikini”, cada vez más arraigado en nuestra conciencia social, debe empezar por inculcar unos valores, una educación y un estilo de vida distintos.

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