testimonio paciente con anorexia en tratamiento

Descontrol en el control

Ser víctima de un TCA (trastorno de la conducta alimentaria) como la anorexia, ese miedo a enfrentarse a la comida, al espejo,… miedos que, a veces, son difíciles de entender para los que no padecen esta enfermedad y que, incluso, para los que si cuesta entender y expresar.

Hoy, desde SETCA, queremos compartir un testimonio de una paciente que se desnuda ante su enfermedad, que nos descubre su miedo, sus excusas para no afrontar eso que tanto miedo le da: la comida.


IMPOTENCIA…

Que si los órganos tienen que descansar por la noche, que si odio a mi madre, que si tengo miedo a un atracón, que si no tengo hambre, que si es malo cenar mucho por la noche, que si estoy sola…saco boletas de “que si…” como bolets de mi sombrero… pero, en realidad, solo busco excusas para no afrontar lo que tanto miedo me da afrontar y que, traducido al idioma común de la calle, sería el miedo a comer.

Y tiene que ser mi espejito que me las devuelva… como si fuera el cartero que me devuelve las cartas, etiquetándolas como lo que son: excusas, estrategias que mi mente ha encontrado para justificar este laberinto chino donde me encuentro y del que poco a poco voy saliendo.

Ayer me encontré con otra pared, con otro callejón sin salida, otro “que si…”: llegar a casa y que no haya nadie. Y es en estas situaciones en las que mi mente se vuelve como esos móviles de tercera generación que , aún teniendo tantas funciones y ser de lo más moderno, se colapsan con cualquier multitarea. Y, si, mi  multitarea anoche no era más que cenar, cenar algo sólido, cenar algo que no caiga con un glup en el estómago sino con un pum, pero es que ese pum me da más miedo que el glup. En mi defensa diré que el glup requiere chupar, requiere un placer sensorial a nivel oral, está fuera de riesgos de atracón descontrolado y todas las sensaciones que lo acompañan y rellena el espacio de ansiedad, de vacío, de gusanillo, de hambre. Y en mi contra, me vuelvo a quedar en la niña, que digo niña, en el bebé con biberón y agugutata, que no quiere crecer, que no quiere responsabilizarse, que no quiere encontrarse con el monstruo que habita como si fuera el monstruo del Lago Ness del que se habla mucho y nadie ha visto, y que prefiere esperar a volver a encontrar ese entorno de casa de la pradera para poder volver a crecer, segura, acompañada y contenida. Y en esa espera reside también mi falta de control a la vez que mi sensación de control.

Es una doble vía, es una calle de dos sentidos, por un lado quien cree que así controla, controla esa monstruo y por otro lado, quien realmente no controla porque depende del exterior, depende de esa jaula de cristal, depende de que todo a su alrededor, incluido si hace falta el planeta Júpiter, para poder hacer ese acto tan cotidiano y natural que es comer.

Testimonio de paciente con anorexia (trastorno de la conducta alimentaria) en tratamiento.


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