Testimonio Trastorno Conducta Alimentaria

Cuando un TCA se asume con un “Como todas”

Este texto es una invitación a la reflexión sobre los prejuicios, esas ideas enquistadas que se nos revelan cual verdades absolutas que acostumbramos a no poner en duda, ¡o siquiera contrastarlas con la experiencia!

La situación de la mujer ha mejorado con el paso del tiempo. Si nos remontamos al Antiguo Egipto las mujeres tenían, en aquella civilización, (o al menos durante algunas dinastías), bastante libertad para moverse en diferentes ámbitos, pero si adelantamos unos años, y nos encontramos ya con la civilización griega, la romana… y todo lo que vino después en el desarrollo del “mundo occidental”, podemos comprobar que su voz se reservó para el ámbito doméstico.
Que esto dejara de ser así es fruto de la lucha de muchas mujeres que reclamaban ser de la misma especie que el hombre, y que por tanto no estaba justificada su situación de inferioridad.
No seré yo, una fémina del pleno S. XXI la que vaya a tirar por tierra todo lo conseguido, pero si bien es cierto que se han conseguido logros (aunque no completamente en la mayoría de casos), como la incorporación al mundo laboral, la apertura del diálogo sobre el derecho al aborto, participación en política a través del voto en regímenes democráticos… Como hembra europea, apunto que hay un sustrato peligroso que no está ni mucho menos erradicado, que más que machista diría que es anti-mujer.

Tranquilos, no empecemos a entonar el mea culpa antes de tiempo, sé que algunas de las lectoras de este blog lo hacen con demasiada frecuencia. Esto no es nuevo, es más bien algo vintage, que viene de muy lejos para volver a instalarse en la mente de todo humano contemporáneo.

¿Sabían que la palabra histérica procede de la palabra griega hystear que significa útero?
Ahora que tenemos este dato, ¿entenderemos mejor por donde van los tiros?
Durante siglos se ha tachado a las mujeres de histéricas, pero ¿por qué? Pues bien, la histeria femenina fue considerada una patología (hasta el s. XIX) directamente relacionada con sus órganos reproductores, es decir, con aquello que la caracteriza sexualmente en oposición al hombre (como ha venido siendo hasta ahora).
A esta pseudo-enfermedad se le atribuían diferentes síntomas: mareos, insomnio, irritabilidad…. “tendencia natural a causar problemas”

¡Aquí está el meollo, señores!

A día de hoy, sin tener ni idea de la existencia de estos acontecimientos tragi-cómicos, hagan un repaso a todas las veces que han escuchado algo similar a “las mujeres son unas histéricas”, “unas locas”, “son malas”, “son más malas que los hombres”, “cuando se pelean van a matar”, “son egoístas”, “compiten entre ellas”…

Es algo absolutamente establecido como verdad: que las mujeres somos problemáticas, y en particular más que los hombres, que son seres, ante todo, estables y leales, y no unos locos de las rebajas que si pueden pisar a la semejante, más que mejor.

La cuestión compañeros no va de darle la vuelta a la tortilla y demostrar que los hombres son malos y las mujeres buenas. Esto es una invitación a la reflexión sobre los prejuicios.

Especialmente es una invitación a las mujeres. ¿Por qué esta discriminación positiva? Porque considero que no hay nada más peligroso que el auto-odio (hablo con conocimiento de causa porque soy gallega, ya sabés de esos paletos que no hablan ni portugués ni castellano, porque son tontiños).

Lectoras, el motivo de este texto es que nos encontramos ante un problema importante, y es que tenemos prejuicios hacia nuestro sexo (puntualizo, no “nuestro género”, que eso es pura convención social) y por ende hacia nosotras mismas.

¿Cómo se tienen prejuicios hacia uno mismo? ¿No nos conocemos lo suficiente? ¿Por qué seguimos manteniendo estos mitos? ¿Por qué no nos ocupamos de demostrar a otras mujeres y a nosotras mismas que esto no va con una disfunción genito-mental propia del “sexo débil” y nos empeñamos en seguir perpetuando estas leyendas urbanas con nuestros actos, con nuestro lenguaje, con nuestra mirada hacia la otra y hacia nosotras mismas…?
Puedo decir que he convivido con muchas mujeres los últimos meses, y que yo misma me sorprendía cada día, porque me daba cuenta que en un ambiente de no hostilidad, no había nada de lo que una pueda estar acostumbrada a percibir o, más bien, a suponer que ocurrirá en un ambiente de mujeres.

He visto cooperación, ayuda incondicional, cachondeo, profesionalidad, amistad…
Y lo he visto y vivido en un centro de HISTÉRICAS, DE HISTÉRICAS CON UN TRASTORNO DE LA ALIMENTACIÓN.

¿Qué está fallando? Que alguien me explique cómo es que las locas de la colina no estaban todo el día tirándose de los pelos

Allí mismo se destruyó la farsa, no había pantomimas y estábamos entre humanas, frágiles y mortales como todos.

Ahora que sabemos un poco más de la sabiduría popular sobre las mujeres, podemos echarle un vistazo a los bulos que corren acerca de los TCA, que son más de lo mismo.

¿Qué tenemos en el imaginario público al respecto de los TCA?

La lista es larga: Superficiales, necesidad de llamar la atención, inmadurez, cosas de tías, tías locas, egoístas, problemáticas, obsesas, la “típica niña que siempre fue gordita”, esqueletos, mentirosas, modelos, objetivo y preocupación en la vida: que se noten las costillas y gustar al sexo opuesto… ¡Las histéricas del mundo contemporáneo!

Esta es una enfermedad profuuuuundamente desconocida. No porque no se hable del tema, (aunque se habla poco y mal), no porque no haya una página del Ministerio de Sanidad contando -la verdad- sobre los blogs Ana y Mía, sino porque única y exclusivamente se habla de la sintomatología, bastante escuetamente y, en algunos casos, rayando lo esquemático… anorexia: no come, bulimia: come y vomita, fin.

Aquí nadie sabe qué hay detrás de un TCA ni quiénes lo padecen.

El desastre está asegurado siempre que hay desinformación de por medio, y bien, es así que sobre estas enfermedades tenemos un doble mito, o es una chorrada de chicas que hacen dietas, o es la new wave.

Hace dos días salió el tema de mi TCA en una conversación, estaba presente una mujer a la que era la primera vez que veía, y me dijo “Bueno, eso ya sabes… Como todas”.

Me sorprendió mucho lo que dijo. Me quedé impresionada de esas palabras: “Como todas”.

Me asombró porque, por un lado, soy consciente de que es la pandemia del primer mundo, y que desgraciadamente ese comentario  no distaba tanto de la realidad; pero realmente lo que más me chocó fue que lo dijo como con cierto orgullo, ¡esto me produjo tristeza!

Joder, no sé, ¿nos identificamos como grupo con todo esto? En serio… es tan triste como identificarnos con pendientes, falda y pintalabios. Pero, si cabe, es peor porque esto tiene una connotación de originalidad: “he pasado por un TCA y eso me hace especial”.

Qué equivocación tan grande… desconozco por qué esta mujer hizo ese comentario y de esa manera pero no, para nada van por aquí los tiros, esto no tiene nada de romántico ni de original, y orgullo sentirá, supongo, quien lo haya superado, porque quien lo padece, con perdón… ni puta gracia.

Pero en fin, es volver al principio…. leyendas urbanas, mitos y, sí, prejuicios: que una enfermedad tenga connotaciones positivas porque se desconoce y se vincula con un resultado estético que mueve masas de consumidores, que un rasgo de la personalidad sumado a ser mujer tenga connotaciones negativas suficientes para tacharla de histérica o que “si folla es puta, y si no es frígida”, haberlos hailos, y para todos los gustos.

Amigos, hermanos, compañeros, amigos, desconocidos, jefes, alumnos, novios… os invito a reflexionar sobre los prejuicios. Esos que os imponéis, que imponéis a otros y que otros os imponen.
Hay demasiada circulación de nociones distorsionadas que hay que empezar a replantearse en profundidad, en el día a día, en cada acto.
Las ideas han de ser flexibles, han de servir como impulso de cambio, como fantasía, como fuente de conocimiento y objeto de intercambio. No han de ser yugos a los que someterse ni clavos a los que aferrarse por miedo a vivir la experiencia de descubrir que estabas equivocado.

Os animo a que hagáis por destruir aquello que os somete, a que luchéis contra los esquemas mentales establecidos que generan cortocircuito cerebral y nos dejan en un laberinto siempre idéntico a sí mismo sin opción a salida ni itinerario alternativo.

Posee tu mente, posee tu cuerpo y dirígelos allá donde consideres que han de ir.
No dejes que se te implanten muros adornados con idilios de photoshop e ideología de liberación barata, que tiene más de imagen que de contenido.

¡Sé libre y libera al resto!
Con cariño para las compañeras y profesionales de SETCA. Gracias.

Testimonio de paciente con TCA (trastorno de la conducta alimentaria)


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