Cuando mi TCA me impidió «empezar el cole»

19, octubre, 2017

¿Qué? ¿Cómo que no puedo ir al cole? ¿Sabéis que esto es un derecho, no? ¿Me estáis vacilando verdad? 

¡¡Esto es lo último que me faltaba!!

Estas son algunas de las expresiones que solté y grité enfurecido cuando me comunicaron que no empezaría la escuela como mis compañeros sino, más tarde. Estaba confuso, enfadado y atónito. No podía creer lo que me acababan de decir.

(Pensamiento) Dos meses luchando contra la anorexia y, ¿este era el resultado?

Me quedé perplejo, alucinado. Todo esto significaba que tendría que ir al centro cada día mientras otros sí podían volver a la escuela.
¡Estaba hasta las narices del tratamiento!, estaba enfurecido y avergonzado… Entré en un bucle de retroalimentación de pensamientos enfermos. De repente me comunicaron que mi abuelo acababa de morir…

(Pensamiento) ¿Cómo podía ser? ¿Qué dioses y porqué me estaban castigando?

Pero, por si todo esto no fuera suficiente, toda esa rabia hacia los demás se volvió hacia mí, empecé a hacerme daño y a autolesionarme bruscamente. Más tarde, toda la rabia acumulada del día pasó a ser tristeza, estuve llorando y llorando durante horas y horas. Me sentía como si a un fuego plenamente avivado le tirasen, bruscamente, un cubo de agua helada.
No podía más, quería morir, desaparecer de la Tierra.

Y sí, todo eso es lo que me provocaba la noticia de «mi no vuelta al cole».

Pero es que la cruda realidad era otra: tenía que asumir que tener anorexia no era ninguna broma ni nada por el estilo.

La anorexia es una enfermedad física en algunos casos, pero sobre todo mental. Es una enfermedad engañosa y superficial que no te deja ser como realmente eres y no te permite expresarte ni pensar con claridad.

Ahora creo que el principal motivo por el que no me dejan volver a la escuela es porque al llevar tanto tiempo con mi TCA he perdido mi yo interior, es decir mi esencia debido a las inseguridades y miedos que he ido adquiriendo y cogiendo por «lo que piensen de mí o el cómo me vean».
Y es que ahora toca trabajar el cómo veo, qué opino yo de mi mismo, la NO lectura de mi mente y el poder expresarme como yo quiera, sin miedos ni censuras. ¡Y todo esto es trabajo de una hormiguita!

Ahora, tengo una visión muy diferente a la que tenía antes, cuando me comunicaron mi gran y triste noticia.
Y es que, a día de hoy y en estos momentos, todavía queda un poco de rabia por no poder ir a la escuela cuando toca, cuando lo han hecho todos mis compañeros. Pero esa noticia la he sabido reconducir,  ahora me da fuerza para seguir luchando y seguir adelante, dando lo mejor de mí y descubriéndome cada día más a mí mismo.

Y esta nueva forma de afrontarlo será la que me ayude a volver a la escuela lo antes posible y poder disfrutar de la enseñanza y de todo lo que conlleva la vuelta al cole. Y sé que tengo que tener paciencia y confiar en las terapeutas, sé que cuando crean que es el momento oportuno me dejarán reincorporarse me paulatinamente.

¡¡Y es que me muero de ganas de poder ir!!

Testimonio de paciente de 14 años con diagnóstico de Anorexia Restrictiva, en tratamiento desde julio de 2017.
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